Fotografía de José Antonio Villacreses

¿Por qué es importante dejar la politiquería y mantener la unidad?

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En los últimos diez años Ecuador ha sido una sociedad polarizada. Pero la solidaridad ciudadana que surgió  después del terremoto del sábado 16 de abril ha ofrecido  un descanso necesario para un país que necesita la unidad para reconstruir.

Los efectos tangibles de la polarización en Ecuador —definida como los grados de diferenciación ideológica entre los partidos de un sistema partidista— impregnan un discurso dualista y maniqueista en el diálogo en línea y en persona, en la vida pública y en la familia.  En 2014, un paper académico del Instituto Kellogg de la Universidad de Notre Dame  posicionó a Ecuador entre los cinco países más polarizados de América Latina, resaltando la ruptura en cualquier tipo de compromiso legislativo.

Hoy en día ser del oficialismo o la oposición define con quién te asociarás, harás negocios o socializarás. La mayoría de los jóvenes más brillantes del país que conozco prefieren alejarse de la política, como si fuera una plaga. Día a día, veo cómo mi país se asemeja a los versos del poeta William Butler Yeates en El Advenimiento: “el centro no puede sostenerse; […] Los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores están llenos de intensidad apasionada”.

Las cosas no siempre fueron así en el Ecuador, pero tampoco somos los únicos. Esta historia de polarización  se parece a la de algunas democracias en el Occidente, como Mohamed El-Erian resumió en el Forum Blog. En nuestro país esta situación se explica mucho por el surgimiento y fortaleza de Alianza País: un partido de izquierda pragmático que llegó a desafiar a la supremacía y la forma de hacer política del pasado. Mientras tanto, partidos más establecidos han estado tan ocupados jugando de defensa que han olvidado articular una visión alternativa de prosperidad que inspire el tipo de seguidores que busquen más que simplemente oponer.

Entonces el terremoto sacudió la tierra 

El 16 de abril de 2016 un terremoto de 7,8 grados de magnitud sacudió a todo el país y destruyó varios pueblos pequeños en la zona costera del país. Con más de 570 muertos, cerca de 4.000 heridos y 2.000 desaparecidos después de tres días del sismo —sin mencionar los miles de millones de dólares en daños— la reconstrucción de Ecuador tomará varios meses si es que no son años.

Mientras las agencias de prensa internacionales reportan muertes, declaraciones oficiales e historias conmovedoras de sobrevivientes, muchos se han perdido de una historia clave que hemos vivido en esta semana: ecuatorianos de toda clase e inclinación política salieron a las calles a donar, ser voluntarios y ayudar en las principales ciudades del país. Las redes sociales estaban inundadas con videos de cadenas humanas de voluntarios que estaban movilizando agua, comida y medicina. Cerca de doscientos camiones de donaciones ciudadanas salieron desde Quito hacia la tierra cero en las primeras 48 horas después del terremoto. Docenas de iniciativas ciudadanas de crowd-sourcing se han convertido en mapas de los daños, riesgos y necesidades. Por al menos esta semana, los mensajes de unidad y apoyo se apoderaron de las redes sociales y vencieron a los trolls, insultos y politiquería de todos los días. Por un instante de respiro en casi una década, el país tuvo un descanso de la polarización en la que hasta los políticos más controversiales dejaron pasar las peleas ideológicas en medio de esta crisis nacional.

La campaña internacional más exitosa de crowdfunding para enviar equipos de socorro ha sido gestionada por The Global Shapers Hub of Quito recolectando cerca de 100.000 dólares en menos de tres días para apoyar a la Cruz Roja ecuatoriana. La legitimidad de la campaña viene de la diversidad de sus miembros que van desde activistas pro-gobierno, líderes de la comunidad LGBTI, una especialista en emprendimiento y educación joven, una experta en desarrollo institucional universitario , una abogada por los derechos de los refugiados y el director de staff del alcalde —miembro del partido de oposición—. Juntos, los Shapers han demostrado que el público está dispuesto a aportar (con sus donaciones) a iniciativas que trascienden las líneas políticas y demuestran una colaboración múltiple.

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Sanando heridas más profundas

Un análisis diferente y a profundidad podría enfocarse en el debate sobre la raíz de la polarización y presentar una conclusión diferente que a la mía. Pero los resultados de un ejercicio de echar culpas o señalar culpables logrará poco para juntar a las mentes más brillantes del país para reconstruirlo juntos. Comparto con muchos la esperanza que a través de este ejercicio de solidaridad, los bandos polarizados redescubran el potencial infinito de la colaboración. De hecho, al socorrer juntos a nuestros compatriotas afectados por el terremoto, estamos  sanando nuestras propias heridas dejadas por la polarización  al favorecer la acción colectiva.

Las lecciones posterremoto aprendidas por nuestros colegas en Nepal y Haití demuestran que la colaboración y la unidad son claves de la reconstrucción. Sin duda, si Ecuador mantiene este momento de unidad, aumentará sus probabilidades de reconstruir el país de la mejor forma, más allá de juntar ladrillos y mezclar cemento.

Michelle Arévalo-Carpenter
(Ecuador, 1982)
Michelle es Abogada de Derechos Humanos (Oxford) y Master en Políticas Públicas (Berkeley). Columnista ocasional para el Huffington Post, Al Jazeera y el Foro Económico Mundial. Ha trabajado con refugiados, activistas y hackers éticos en los cinco continentes. Impulsa la innovación social en Ecuador.