Jaime Nebot nos debe respuestas no sobre el terremoto de abril de 2016, sino de sus 16 años de alcalde


Días después del terremoto de 7,8 grados, el alcalde de Guayaquil Jaime Nebot dijo en un tuit que no se le podía echar la culpa a los municipios de los daños del terremoto. Y, como para arrimarse al palo más seguro de estos tiempos (quejarse de la crisis causada por el gobierno para evitar el intercambio de argumentos) dijo que las carreteras también se habían caído.

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No hay que ser un profesor de lógica para notar la falsa equivalencia, pero esa es la parte menos relevante de la discusión. Lo que necesitamos saber es por qué en Guayaquil se cayó un paso a desnivel que mató gente. Es urgente, además, que la Municipalidad de Guayaquil explique por qué ha tomado tan pocas medidas para prevención sísmica en 16 años cuando contaba con la información para actuar hace décadas.

En 1998, la ONU hizo un importante estudio sobre el riesgo sísmico en el mundo. Guayaquil —gobernada por León Febres-Cordero— estuvo entre las ciudades seleccionadas para el análisis del proyecto, llamado Radius (Herramienta de Estimación de Riesgos y Desastres Sísmicos, por sus siglas en inglés). En él participaron la Municipalidad de la Ciudad, la Universidad de Guayaquil y la organización científica internacional Geohazard International. El reporte final se presentó en octubre de 1999. El responsable científico del estudio fue un guayaquileño, Jaime Argudo. Argudo publicó en su página web la versión en español del Radius de Guayaquil. En la página 42 del resumen ejecutivo, empieza una detallada explicación de la amenaza sísmica en la ciudad. Pero como es un documento técnico y, por eso, difícil de leer, es mejor revisar la presentación que Argudo —que tiene un PhD en ingeniería por la Universidad de Austin, Texas— dio en la Feria Construye y Remodela de 2015 —hace un año. Se llamó Estrategias para la Reducción del Riesgo Sísmico en Guayaquil: las advertencias del proyecto Radius se recogen en esas diapositivas, pero como la ciencia cae en oídos sordos en una ciudad donde se valoran las políticas públicas por simpatías y antipatías en lugar de por su eficiencia.

Había ya advertencias serias. Argudo hablaba ya de las debilidades de ciertos pasos a desnivel de la ciudad. La proyección del peor escenario en un terremoto de magnitud 8 en Guayaquil —según la simulación de Radius— era de más de veintidós mil muertes y cerca de cien mil heridos. 75% de los hospitales de la época podrían quedar inoperativos. Los riesgos colaterales más grandes eran las gasolineras que sumaban  67. Había, además,  18 instalaciones de energía “que podrían convertirse en fuentes de ignición, además de cerca de 85.000 edificaciones de madera y mixtas, al menos el 25% de ellas tienen instalaciones eléctricas en mal estado.” No parecen predicciones fáciles de olvidar, ni suena responsable obviarlas.

Sin embargo, el proyecto Radius, que había sido impulsado por la Municipalidad de Guayaquil al final de la administración de León Febres-Cordero quedó paralizado durante años. Según un reporte de diario El Universo del 2005 Guayaquil tenía el proyecto Radius pero estaba en espera. “Guayaquil no está preparada para soportar un sismo de gran intensidad y aunque en 1998 se ejecutó el Plan para el Manejo del Riesgo Sísmico” —dice la nota— ”el proyecto permanece en el Municipio de la ciudad y experimenta poco avance”. Radius contemplaba la creación de una unidad de prevención de desastres naturales pero, según el reporte de El Universo, estaba en ese entonces suspendido y da cuenta, además, de la vaga respuesta de un funcionario de la época, Felipe Huerta: “Huerta no da razones por qué el Municipio suspendió el proyecto, pero dice que el ayuntamiento trabaja constantemente con el tema de prevención de sismos y desastres naturales”. Para ese entonces, la Universidad Católica de Guayaquil ya había preparado un Manual de diseño de estructura sismo-resistentes para Guayaquil  (se puede ver un reporte del avance de ese documento en la página 15 de este enlace), pero en el palacio municipal —ya bajo la tutela del abogado Nebot— nadie parecía estar enterado.

Y pasarían cinco años más sin que Radius apareciera en el radar municipal. En la sesión del Concejo Cantonal del 14 de enero de 2010 Radius aparece no porque alguien decide retomar el plan como una urgencia en un país que convive con el riesgo sísmico sino como antecedente de una nota de solidaridad con Haití, que acababa de sufrir el devastador terremoto que dejó un estimado de doscientos veinte mil muertos. Según consta en el acta de la reunión, el vicealcalde de la ciudad, Guillermo Chang, pidió la palabra para secundar la moción del concejal Octavio Villacreses. Chang —ahora ya retirado— dijo:  “Segundo, me sumo a la propuesta del señor Concejal Octavio Villacreses, respecto de la tragedia que vive el hermano pueblo de Haití. Haití, junto con Bolivia y Ecuador, uno de los tres países más pobres de la América Latina” —y, de pronto, se acordó de Radius— “y yo quiero de esta experiencia dolorosa, retomar lo siguiente: la Municipalidad de Guayaquil suscribió con la Universidad Católica un convenio para llevar adelante el Proyecto Radius que consiste en aplicar nuevas normas de construcción sismo-resistentes”. Según Chang, cuando estuvo encargado de la Alcaldía en diciembre de 2009, mantuvo una reunión entre académicos y calculistas guayaquileños para “armonizar puntos de vista de carácter científico en materia de cálculo. Lamentablemente aún existen algunas discrepancias y en la noche de hoy uno de esos profesionales en el Colegio de Ingenieros Civiles del Guayas va a hacer una exposición, la idea es que máximo dentro de treinta días tengamos en blanco y negro lo que tendría que ser la Ordenanza que recoja si es posible por consenso los nuevos cálculos que tengan que ser aplicados para la construcción en Guayaquil”. Nebot iba a cumplir una década de alcalde y todavía las conclusiones de Radius no se aplicaban.

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No solo eso: por la literal declaración del vicealcalde Chang, hasta 2010 no existía esa norma. Pero Chang fue más allá y dio una declaración que explicaba esa ausencia: los calculistas tenían que llegar a un punto medio. “Por un lado conjugando algo que es muy importante: la seguridad en la construcción” —explicó el Vicealcalde— “pero por otro lado también mirando un aspecto tremendamente pragmático como es el no sobrecargar los costos de construcción.” Había que ver cómo evitar que no se dañe el negocio e igual hacer casas seguras. Como si el consenso sobre seguridad no se hubiese adoptado porque a los empresarios de la construcción se les estaba reduciendo el margen de ganancia.

Pero no todo ha sido negligencia. Los calculistas se pusieron de acuerdo y la norma municipal se creó basada en los estudios de un conocido ingeniero guayaquileño. La Municipalidad contrató, en 2005, un estudio del comportamiento dinámico del subsuelo y la microzonificación sísmica y hay  una red de acelerógrafos que registran los movimientos del suelo durante los sismos. En junio de 2012, la alcaldía de Jaime Nebot siguió el consejo de Radius. Creó la  Dirección de Gestión de Riesgo y Cooperativa para —según su propio boletín de prensa— “articular, planificar, proyectar, prevenir e impulsar las gestiones entre el Municipio de Guayaquil, la Corporación de Seguridad Ciudadana y las otras entidades de apoyo del cantón Guayaquil. Además, mitigar los impactos, levantar un mapa de riesgo y socializar con la comunidad cualquier eventualidad que se pudiese presentar”. Según el reporte local 2013-2014 del Marco de trabajo para la acción de la oficina de reducción de riesgos de la ONU (HFA, por sus siglas en inglés) la creación de ese dependencia municipal es un aspecto positivo pero los planes de reducción de riesgos de desastres “se encuentran en etapa de pilotaje y validación por lo tanto podemos sacar como conclusión que es posible medir el cumplimiento de actividades mas no es de resultados”. Ahora, tras el terremoto, las alarmas vuelven a dispararse.

En realidad, habían sonado mucho antes. Tras el terremoto en Quito en 2014 que dejó 4 muertos, el Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi) expidió la Norma Ecuatoriana de la Construcción, que es de obligatoria aplicación en todo el país desde enero de 2015. Y, sin embargo, varios meses después, diario Expreso publicaba un reportaje al que titulaba Seguridad sísmica: las tareas pendientes en Guayaquil. Ahí volvía aparecer Jaime Argudo y Radius. “La vulnerabilidad existente solo se puede combatir en el mediano y largo plazo con proyectos de prevención sísmica, no solo con actividad de perfeccionamiento de las respuestas” le dijo el científico guayaquileño al periódico. Pero, de nuevo, como desde hacía quince años, nadie le prestó mayor atención hasta que la tierra tembló hace exactamente un mes. Volvió entonces la mirada de la prensa: diario Expreso retomó el asunto y dijo que los arquitectos calculaban que el 70% de la ciudad se ha construido de manera informal. En la nota, además, Guillermo Argüello, director de Ordenamiento Territorial y Urbanismo de la Municipalidad, reconocía su ineptitud a la hora de legislar y a la hora de supervisar las construcciones de Guayaquil: “hemos considerado reforzar la normativa actual para la construcción. Sin embargo no hay que negar que hay reticencia de la ciudadanía a hacer trámites”. La preocupación mediática duró lo que tardó el alcalde mimado de la prensa en tuitear una falsa analogía. Pero esos pocos caracteres no alcanzan a tapar años de haber hecho muy poco (casi nada) para prevenir los efectos de un terremoto en Guayaquil, a pesar de que se lo advirtieron científicos y académicos.

Cristina Vera Mendiu
(Ecuador, 1985)

Iconoclasta. Becaria en tierras lejanas, amante del buen ron. Una mujer a la que le interesan más las ideas que las identidades.